7 Hábitos Que Te Ayudarán A Tener Una Mejor Calidad De Vida Con El SFC Parte II

7 habitos para mejorar calidad de vida parte 2

Nota: Este artículo es la continuación de 7 hábitos que te ayudarán a tener una mejor calidad de vida con el SFC Parte I. Si no has leído esa primera parte te recomiendo que la leas antes de leer este artículo.

En artículos anteriores te he mencionado que tanto el SFC como condiciones similares no tienen cura hasta el momento, lo que significa que viviremos con ellos por el resto de nuestros días o hasta que la ciencia encuentre una cura definitiva. 

Esto podría parecer catastrófico pero la realidad es otra. Soy de las personas que piensa que  todo proceso –incluso el de sanidad física y/o mental– comienza con disposición y manos en la obra. Así que el conocer que no había cura, aunque me decepcionó y me frustró en un principio, también me motivó a buscar información tanto en libros como en Internet para mejorar mi calidad de vida. Sabía que tenía que hacerlo.

​En el artículo anterior te mencioné los primeros libros que me ayudaron a encontrar esa mejoría en mi vida y los 3 primeros hábitos que contribuyeron a mi bienestar.

​A continuación te explico los 4 restantes hábitos:

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Comparte/ socializa

​Una de las áreas que se ve afectada por el SFC es la vida social. Esto es un hecho. Físicamente no toleramos estar mucho tiempo de pies o sentados, tenemos mayor sensibilidad a los ruidos (aún los ambientales), en nuestros días malos tenemos dificultad para entender lo que nos dicen (niebla mental) o articular palabras. En fin se nos dificulta la socialización y la comunicación en general.

​Esto puede causar que nos aislemos un poco y a su vez que las personas que nos rodean se alejen porque no saben como tratarnos. Esta fue una de las áreas mas difíciles para mí y con la que sigo trabajando intensamente.

​Me considero una persona sociable. Me fascina interactuar y aprender de otros, y “hablo hasta por los codos” (como decimos en Puerto Rico). Pero cuando comencé con los síntomas no quería estar rodeada de personas. No quería que me vieran débil y frágil, porque al fin y al cabo detestaba la idea que me cogieran pena. Por eso me aislé y esto fue devastador.

​Me encerré en mí misma, me llené de sentimientos de autocompasión y resentí que mis amistades se alejaran. Nunca me había sentido tan sola e incomprendida. Te confieso que admitir esto –sabiendo que hay muchos que me leen incluyendo familiares y amigos– no es fácil.

¿Cómo logré salir de mi cascarón?

Como todo lo que te he contado anteriormente; poco a poco. Y como te comenté, es algo en lo que continúo trabajando.

Hubo un incidente que hizo “click” en mi mente y me ayudó a dar esos primeros pasos. Una de mis amigas, a quien quiero y admiro mucho, se le murió su bebé estando en su vientre con 7 meses de embarazo (si mal no recuerdo). Ella no lo sabe –quizás ahora se entere– pero ese suceso me conmovió las entrañas. Deseaba tanto consolarla y apoyarla en su proceso de duelo... ¿pero sabes que? No lo hice. Me dio miedo. No sabía qué decirle o qué no decirle. Dejé que la cobardía se apoderara de mí.

​Todo eso me hizo pensar: “Si yo me siento así con lo que le pasó a ella, ¿Cuántas de mis amistades/familiares también se sienten así conmigo?” Ese fue mi “ajá moment”.

​Me di cuenta de tres cosas importantes:

  • Fui yo quien se alejó de todo y de todos.
  • Las personas no saben como manejar las crisis o las dificultades de otros.
  • Me tocaba a mí dar el primer paso.

Así que comencé por lo más sencillo: llamar y/o textear –aunque fuera solo por unos minutos. Me involucré más en las redes sociales (para conocer personas con mi condición) y aprovechaba cada oportunidad que surgiera para reunirme con las personas que amo.

Ya no me siento sola o incomprendida, y aunque no salgo con la frecuencia que quisiera, sé que al otro lado del teléfono y/ computadora existe alguien con quien puedo contar cuando lo necesite, solo tengo que llamar o escribir.

​Me gustaría hablar de este tema con mayor profundidad en otro artículo. Algo que he visto en otros que padecen de SFC o condiciones que son crónicas es que tienen sentimientos de incomprensión, aislamiento y soledad como yo los tuve. Pero desde ahora te adelanto que ningún ser humano puede comprender tu dolor en su totalidad. Y como todo lo que te he dicho en ocasiones anteriores, te toca a ti decirles o enseñarles como te sientes y como quieres ser tratado.

​En cada oportunidad que tengas conéctate con tu familia y amigos. Y cierro este subtema con este dicho:

“Para hacer amigos tienes que hacerte amigo”.

¡Tuitéalo!

Mueve el Esqueleto

​Esto te parecerá absurdo y quizás un sacrilegio. No me tires tomates todavía, dame unos minutos para explicarte.

Sí, es un hecho que nuestra actividad física se ve seriamente limitada por el síndrome.

​Sí, la mayor parte del tiempo estamos extenuados (as) y al borde del desmayo, aunque por fuera nos veamos hermosos (as) y enérgicos (as).

​Ahora te hablaré como profesional de la salud y no solo como paciente de la condición.

Cuando permanecemos muchas horas y días acostados (as), nos entumecemos y si nos movemos muy poco o casi nada, nuestros músculos se atrofian. No debes permanecer por mucho tiempo en la cama. Es importante moverte y hacer ejercicios.

¿¡Qué cómo!? Sí, así como me lees. Ya veo la lluvia de tomates sobre mí...

​Es importante descansar cuando el cuerpo te lo indique pero no debes permanecer en ese estado por muchos días. Con esto no quiero decir que corras una milla de distancia, que levantes pesas en un gimnasio, ni cosa semejante.

No.​

​Pero sí debes practicar algún tipo de ejercicio de bajo impacto para beneficio de tus músculos, articulaciones y tu bienestar en general. No tienes que practicarlos por largas horas. Solo unos minutos diarios (si tus energías lo permiten) son suficientes.

¿Qué tipo de ejercicios? Cualquiera que sea de bajo impacto y que puedas tolerar. Recuerda escuchar y obedecer los susurros de tu cuerpo.

Aquí solo te daré unas sugerencias. Pero es importante que esto lo hables y consultes con tu médico. Puedes hacer yoga, tai chi, nadar, o incluso bailar. Si no tienes las energías suficientes para realizarlos, no te preocupes. Realiza estiramientos suaves y da unos cuantos pasos por la casa o el jardín.

Te confieso que mis favoritos son el yoga, nadar y bailar. Usualmente bailo alocadamente (en mis días “buenos”) cuando estoy sola... (shhhh..)

¿Qué beneficio tiene? Muchos. Entre ellos:

  • Evitar contracturas y/o entumecimiento en las articulaciones.
  • Evitar que los músculos se atrofien.
  • El cerebro libera endorfinas, las cuales funcionan como neurotransmisores similares a los opiáceos en su efecto analgésico y otorgan la sensación de bienestar y minimizan el dolor físico.

El ejercicio de bajo impacto te hará sentir bien tanto física como emocionalmente.

Es sumamente importante que lo consultes con tu médico y evitar el sobre esfuerzo.

Así que... ¡a mover ese esqueleto!

mover el esqueleto

Pasa tiempo con la naturaleza

​Una de las experiencias mas enriquecedoras, sanadoras y relajantes es estar rodeado por la naturaleza. Para mí no hay comparación. El Todopoderoso la puso aquí por algo. En ella se esconden grandes secretos y a nosotros nos toca descubrirlos.

​Dar un paseo por el bosque, sentir los rayos del sol calentado mi piel, la brisa acariciándome el rostro y los múltiples aromas de flores silvestres, es una de las mejores terapias.

​Cuando regreso de esos paseos no soy la misma, me siento distinta, me revitaliza. Pienso que hay algo mágico en ella.

​Cuando se te haga posible, pruébalo. Da un corto paseo al parque, al bosque, la playa, incluso al patio de tu casa.

​Observa todo lo que hay a tu alrededor como si lo vieras por primera vez. Vuélvete niño(a). ¿Recuerdas esos juegos de encontrarle forma a las nubes? Hazlo. Observa como los pájaros planean en el aire, como las hojas bailan al compás del viento. Empápate de ese momento, celébralo al máximo. Verás que al final de tu paseo te sentirás completamente revitalizado(a) y querrás repetir la experiencia.

​Ríe hasta que te duela la panza

​La risa puede ser bastante terapéutica.

​Todos tenemos esos días que sentimos una nube gigantesca sobre nuestro cielo. En esos días grises, que emocionalmente me siento mal y físicamente peor, busco la manera de animarme de alguna manera. He notado que la manera mas rápida de lograrlo es a través de la risa.

​Mi terapeuta preferido: YouTube.

​En su buscador pongo la frase: “Vídeos graciosos” y la terapia termina con el cielo azul despejado y un pequeño dolor de barriga de tanto reír.

​Luego de esa sesión terapéutica me siento mejor –por lo menos anímicamente hablando– y es posible que físicamente se me alivie alguno que otro síntoma.

¿Por que la risa es tan beneficiosa?

Al igual que cuando hacemos ejercicios, la risa provoca ciertos beneficios en nuestro cuerpo.

Cuando reímos liberamos endorfinas lo que ayuda a disminuir el dolor físico y provoca un sentido de bienestar general en nosotros. También nos provoca un estado eufórico parecido al que experimentamos cuando escuchamos música o bailamos.

Es un método fácil y sano que ayuda a regular la respiración y a oxigenar los pulmones. Cuando ríes puedes respirar más profundo y mejorar la salud respiratoria.

Está vinculada a la función saludable de los vasos sanguíneos provocando la dilatación del tejido y así aumenta el flujo sanguíneo.

En general, reír te hace sentir bien y lo mejor de todo es que no tiene efectos secundarios.

Resumen y Conclusión de la Parte I y Parte II

  1. ​Investiga y aprende todo lo que puedas sobre la condición. Aplica los conocimientos que entiendas apropiados para ti.
  2. Encuentra un pasatiempo que te haga sentir útil y feliz. En la felicidad y la autorealización se encuentra la clave para lograr tu objetivo.
  3. Enfócate en el aquí y el ahora. Disfruta y celebra cada logro en tu vida por pequeño te parezca. Sé agradecido por quien eres, todo lo que tienes y a quienes tienes en tu vida.
  4. Comparte y rodéate de familiares y amigos cada vez que puedas. Ellos serán tu mayor fuente de apoyo.
  5. Mueve tu esqueleto. Realiza ejercicios de bajo impacto (yoga, tai chi, nadar, etc) aunque sea por solo unos minutos y cada vez que puedas baila sin inhibiciones.
  6. Pasa tiempo en compañía de la naturaleza porque ella te revitalizará.
  7. Ríe como lo hacen los niños con total libertad y sin reservas. Luego de una sesión de risa te sentirás pleno (a), alegre, revitalizado (a), y un sinfín de sentimientos positivos.

Aplicar estos principios y habitos ha sido la clave para mejorar mi calidad de vida. No he encontrado sanidad física en su totalidad, pero sí he logrado sanar mi alma y vivir al máximo aun con mi condición de salud.

​Pero como te mencioné anteriormente, esto es un proceso cíclico y continuo; lo que significa que todavía sigo aprendiendo, investigando y aplicando.

​Mi recomendación para ti querido(a) lector(a) es:

Vive al máximo. Recuerda que tienes vida. Eso significa que hay esperanza y oportunidades nuevas.

¡Tuitéalo!

Referencia:

UPSOCL

6 comentarios en “7 Hábitos Que Te Ayudarán A Tener Una Mejor Calidad De Vida Con El SFC Parte II

  1. Muy amena la lectura, muy sencilla de entender y muy práctica y motivadora.Casi todos los principios los practico, pero me ha hecho reflexionar sobre algunos puntos.Gracias

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